Cero en geometria

Felipe miró el reloj. Dos de la madrugada. Cerró el libro con desesperación. Seguro que mañana sería reprobado. Entre más quería hundirse en la geometría, menos la entendía. Dos fracasos ya, y sin duda iba a perder un año. Sólo un milagro podría salvarlo. Se levantó. ¿Un milagro? ¿Y por qué no? Siempre se había interesado en la magia. Tenia libros. Había encontrado instrucciones sencillísimas para llamar a los demonios y someterlos a su voluntad. Nunca había hecho la prueba. Era el momento, ahora o nunca. Sacó del estante el mejor libro sobre magia negra. Era fácil. Algunas fórmulas. Ponerse al abrigo de un pentágono. El demonio llega. No puede nada contra uno, y se obtiene lo que se quiera. Probemos. Movió los muebles hacia la pered, dejando el suelo limpio. Después dibujó sobre el piso, con un crayòn, el pentágono protector. Y después pronunció las palabras cabalísticas. El demonio era horrible de verdad, pero Felipe hizo acopio de valor y se dispuso a dictar su voluntad. -Siempre he tenido cero en geometría - empezó. -A quién se lo dices...- contestó el demonio con burla. Y saltó las líneas para devorar a Felipe, las líneas del hexágono que el muy idiota había dibujado en lugar de un pentágono.
Desconozco el autor

La ùltima ecuaciòn

Fue un trabajo abrumador, para dejarlo sin aliento. Diez años estuvo encerrado en la biblioteca, sin salir, colmando hoja tras hoja, volviéndolas a leer, viajando por el prodigioso universo de matemáticas que creaba lentamente. Al llegar al décimo año, vio perfilarse la silueta del resultado: la última ecuación, la perfecta solución, la prueba matemática de la existencia de dios. Tuvo que recurrir a innumerables posibilidades: a edificar un modelo exacto y teórico del universo; reunir un millón de coordenadas y atarlas en apretados rimeros, quemar todo y pesar las cenizas. Mas ahora conocía la última ecuación y la formulaba, la demostraba. Sencilla como era, abrumaba un millar de hojas. Trabajó veinte horas diarias. Y en tres meses de trabajo agotador, dio fin a la tarea, al descubrimiento definitivo del genio humano. Trazó la última línea, dibujó amorosamente la última letra, la subrayó dudando un momento antes de añadir la palabra “fin” en mayúsculas. Y entonces la voz todopoderosa, majestuosa y tonante, brotó de todas partes y de ninguna. Dio un salto, lleno de susto. __ Está bien– dijo la voz– me has encontrado. Ahora te toca a ti esconderte. Voy a contar un millón de años. Y no hagas trampa…
Leído en el Libro de la Imaginación, original de Gerard Klein.

Hace tiempo

Después de una reunión, él se acercó a Laura y llamándola aparte le dijo simplemente: –Quiero invitarte a bailar.
–Mi papá no me deja salir hasta muy tarde… ¡debo volver cuando la gente recién empieza a bailar en los boliches!...
Había una solución:
–Vamos a la matiné … en Garage… –dijo Marcos
–¡Llámame por teléfono el Jueves! ¡Te lo voy a confirmar!... –contestó ella.
El jueves a las nueve de la noche él la llamó desde el taller donde reparaba su viejo Opel K-180. Podía hablar tranquilamente a esas horas, el taller era un gran espacio silencioso y solitario.
Hablaron un poco, apenas lo necesario.
Los dos eran seres prácticos, vibrantes, desechaban al teléfono entre ambos, si podían evitarlo. Ella le dijo que sí. Que su padre la dejaba.
A condición de que alguna otra chica la acompañase.
No había problemas. Saldría con Anita, su mejor amiga.
–¿Anita tiene novio? – preguntó Marcos
–No –dijo Laura.
–Entonces puedo decirle al disc jockey, el Pato Arnedo, para que esté con nosotros…
¿Ella lo conocerá? ¿Le parecerá bien?
–No sé… tendría que preguntarle…
¿quieres que le pregunte?...
–Sí, sí, preguntale, y te llamo en cinco minutos, ¿eh? –Está bien.
A las nueve y cuarto el asunto estaba arreglado.
Se encontrarían al día siguiente, a las siete y media.
El Pato Arnedo actuaría de "pierna". Ella llegò sonriente, hacia él, esquivando las mesitas de cristal en medio del centelleo de las luces, rojas, blancas, azules.
Anita la acompañaba, eran dos amazonas altas.
En la matine eran casi todos chicos y chicas de entre 15 y 16 años –algunas hasta de 13 años–: ellas parecían adultas entre tanto pendejerío.
Habían sido puntuales: 19:35, marcaba el reloj del Pato.
El boliche estaba lleno; las primeras sombras se contoneaban sobre la pista, bajo los baffles gigantes, suspensos en V invertida, que difundían música de cintas que ellos mismos grababan. Sonrió, levantándose y empezando a caminar, pero ella llegó, grácil, a su lado y se dejó besar. “Sos besador vos”, le había dicho, en broma, hace unos días.
Y sí, el aprovechaba toda oportunidad para besarla, al encontrarse, en las despedidas, al volver a encontrarse media hora después…
afortunadamente, ahora se iban a acabar los pretextos, pensó
–“si tengo suerte, por favor sí”, agregó.
Marcos era apenas un poco más bajo que ella–1.65–,
pero su cuerpo poseía una contextura que transmitía cierta magnética impresión de mesurada fuerza y lo hacía más alto.
No era elegante. Laura se corrió un poco para dejarle besar también a su amiga.
En ese momento, se levantó El Pato Arnedo, obsequioso.
Llevaba una camisa ocre, que debía de ser prestada, pantalón azul y mocasines.
Anita lo miró con aprobación.
Al menos por ese costado, no habría problemas.
El Pato actuaba como un maitre d’hotel, les indicó su lugar, un espacio en medialuna, amplio pero no tanto como para estar lejos unos de otros, con ese estiloque solo Garage tenía, un poco más iluminado que los demás.
Marcos había buscado personalmente el lugar cerca de las luces: no quería que Laura lo tomase por un ventajero, que se aprovechaba de la oscuridad para acercarse a ella: sería todo legal, de frente, con honestidad.
Amaba a Laura, de todo corazón, ahora lo sabía.
Se ubicaron frente a frente, los cuatro, Anita al lado de Pato, él con Laura.
Pato preguntó sus preferencias en bebidas y Roque, un mozo amigo de Marcos magnífico, jovial, impecable en su atuendo, apareció tras poquísimos minutos con ambos cócteles sin alcohol, como si los hubiese tenido listos desde hacía rato.
Apenas se había sentado al lado de Laura cuando se acercaron dos jovencitos, como de 20 años, de las clases altas, a quienes Marcos conocía de vista, e ignorándolos por completo invitaron a las chicas a bailar. Por los parlantes sonaban ritmos de rock and pop y la pista se había llenado de parejas meneándose con entusiamo.
Laura y Anita, por cierto, dijeron que “no”. El que invitaba a Laura –, insistía.
¿Qué se pensaba este idiota? ¿Qué ellos estaban de adorno? se creen porque sus padres tienen dos mangos más que son dueños del mundo.
Sin atenderlo, Laura se dio vuelta y comenzó con Marcos una conversación sobre música. Él miró al joven con una expresión que significaba, “volá” flaco, no tenemos tiempo para vos”.
Por fin los audaces se fueron. Durante una media hora charlaron.
Otra vez él sintió que no había presente futuro ni pasado, el tiempo era una onda azul que los envolvía en un lago, donde estaban inmersos los dos como delfines y había que dejarse llevar, llevar, llevar, hasta encontrar la paz. –¡Qué maravilloso!– dijo ella: –Tenès un auto de carrera, sos bombero y coincidimos en la música Entonces Marcos decidió declararse. He pensado en vos desdeque hablamos por teléfono –comenzó.
–No he podido ni he querido sacarte de mi imaginación.
Jamás me había ocurrido esto –dijo, y no mentía –
Decime por favor si a vos te pasa algo, aunque sea lejanamente parecido a lo que siento yo. –¿Me estás proponiendo que seamos novios? –quiso saber ella. –Sí… quiero ser tu novio y que vos seas mi novia… Ella guardó un silencio extenso. –¿Me vas a contestar? –se impacientó él. –No puedo contestarte ahora. –dijo ella. Él preguntó: –¿Por qué? –Una vez me pasó algo semejante… con mi novio anterior… se me declaró una noche, en una fiesta de quince, mientras conversábamos en el jardín… yo le dije que sí y el me besó… en el acto supe que me había equivocado… su beso no me gustó, me dio algo… no sé cómo explicarlo… yo creo que no estaba preparada, me tomó por sorpresa… yo creo que a un noviazgo hay que prepararlo, conocerse más, conversar bastante, salir, antes de tomar una decisión de la que podemos arrepentirnos, como me arrepentí aquella vez y soporté por un lapso interminable un noviazgo que no debió haber sido…
… ¿hasta cuándo?... –se atrevió a preguntar.
–Al menos una semana, o dos… –dijo ella.
–¡Una semana! –él se quedó pensativo.
Luego de un rato, dijo: –Laura, la vida es una montaña rusa, de forma circular, que empieza en el mismo lugar donde termina y en la cual tomamos o no a cada tanto las oportunidades que se nos presentan…
El amor es algo en que interviene únicamente el corazón… en el momento que amas, sabes… podes equivocarte, es cierto
¿cómo saber si yo te oculto algo?
Puedo seguir ocultándolo hasta obtener tu sí…
¿y después?
¿Para qué habrá servido el esperar tanto tiempo, si lo mismo te vas a equivocar?
Las cosas del amor sólo se conocen entrando en ellas, jamás de afuera…
creo que vos también lo sabes, así que no cambia nada el que me contestes ahora o después.
Si te has equivocado, algún día lo sabrás, pero en nada lo cambiará tu demora en averiguarlo… Ella se quedó silenciosa otro momento.
–Si te contesto ahora… quiero que me prometas una cosa.
–¿Qué cosa? –se interesó él.
–Que no me vas a besar hoy…
Un júbilo como ambrosía se derramó por el interior de Marcos, comenzando en el pecho para extenderse por todo el cuerpo, semejante a un masaje de energía cósmica, que le llenara las células de chispitas, imperceptibles cosquillas, luces de colores al alma.
Ya está: –ya estaba; implícitamente, ella había aceptado.
–¿Qué música te gusta? –preguntó Marcos imprevistamente.
Debió acercarse a su oído para hacerlo, pues el volumen de los parlantes había ido ascendiendo automáticamente para que la gente bailara.
Un tanto sorprendida por el brusco giro en la conversación, ella contestó:
–Bueno, me gusta Paul Mc Carthney… Mina, Daiana Ross, Aretha Franklin…
–¿Y Bob Dylan?
–(él sabía, por confidencia de Anita, que a ella la encantaba Lay-lady-lay).
–¡Me encanta!... especialmente Blowin in the wind y… ¡Lay-lady-lay!
–Tengo Lay-lady-lay… ¿quieres que lo ponga… dedicado a vos?
–¡Claro!, contestó ella.
–¿Y vas a bailar conmigo?
–Sí, por supuesto –dijo ella.
Marcos se levantó y fue hacia la cabina del disc jockey.
Había llegado el momento para el cual preparase, el día anterior, una selección que comenzaba con Bob Dylan –Lay-lady-lay–y unos tantos temas lentos cuidadosamente grabados en una cinta que duraba poco más de una hora.
Ya en la cabina, el disc jokey puso Workin Toggether de Ike & Tina Turner para mediar y bajó al mínimo la intensidad de las luces.
Quitó también el sensor para intermitentes.
Todo estaba saliendo maravillosamente como lo imaginaba.
En la pista, algunas parejas fueron reemplazadas por las que acudían para bailar bien apretados. Al llegar junto a Laura, tanteando por la oscuridad, estaban comenzando a sonar los hermosos primeros acordes con hawaiana de Lay-lady-lay.
La tomó de la mano y sintió que al fin llegaba para él la felicidad.
Ésto era la felicidad, no la había conocido nunca antes; indescriptible, sólo se podía uno dejar llevar, y actuar, actuar…
Apenas necesitó él ingresar a los primeros veinte centímetros de la pista para envolverla en sus brazos como si hubiesen estado juntos toda su vida y ella se dejó llevar.
¡Se hicieron uno en un instante!
“No me has contestado algo”, dijo ella cuando se separaron unos milímetros para mirarse: “¿Qué?”, preguntó él; “Si prometes que no me vas a besar…”, dijo ella.
“No, no te prometo”, contestó él.
E inmediatamente la besó..
Ella lo besó también y un momento más tarde se besaban cada diez segundos, dejando espacios breves para tomar aire, moviéndose apenas lo suficiente para constatarse distintos, hombre y mujer, sólo con el propósito de comprender esta nueva felicidad, al modo como una persona que acaba de cobrar un billete de lotería guardando millones en el banco se detiene, cada tanto, para hacer compras pequeñas, azarosas, que le permiten comprobarse anteriormente pobre y que ya no lo es.
La música seguía
Él afirmaba su mejilla sobre la de ella, sentía con placer imposible de definir la caricia de su pelo maravillosamente suave, como lo imaginara, sintió en el vibrar de ella la sensación de un placer simétrico al que vivía en todo su cuerpo y su mente sin excepción…
“detrás de los cristales llueve y llueve”, cantaba Serrat.
Los envolvió la melancolía dulce del amor.
Como si no hubiese una temperatura, los cuerpos de los amantes nuevos se unían formando un huevo, algo energético que los soldaba profundamente quitando cualquier sensación exterior.
Bailaron suavemente, acercando sus cuerpos con firmeza lenta, con absoluta conciencia de la extensión de los momentos, cual si fuesen de humo, uniéndose, en los labios, el rozar de las mejillas y el pecho, en las puntas de los dedos, con dulzor intenso, caminando sobre nubes mientras se besaban, cerrando, despacio, los párpados, sin dejar de percibir ni uno solo de los matices de aquellos preciosos instantes…en los parlantes Serrat decía “El sol se escondió en la arena”, al lado se apretujaban otras parejitas adolescentes
Todo existía y no, deslizándose en un melodioso carrousel rojoazulado, verdemullido, azulhumo, , olor a tabaco denso y cerveza, cuerpos limpios, colonias, cabellos con perfumes de dieciocho años, reflejos en la humareda, palabras murmuradas y paz, maravillosa paz del amor, cerrar los ojos y confiar, por primera vez, confiar absolutamente y navegar seguro por un lago en calma, la tibieza de Laura en las mejillasy la espalda, el corazón…
Marcos no había sentido antes una sensación de seguridad tan plena. “Si existe la felicidad”, pensó, “esta es”. El Pato Arnedo era todo dulzuras con Anita. Pero esta –jovencita experimentada– lo trataba como un amigo.
Marcos, le propuso a Laura salir para dara una vuela en el auto.
Dieron vuelta durante horas paseando por las diagonales.
Era una madrugada ténuemente clara en el principio del invierno.
Llegaron hasta la puerta de la casa de laura. Durante mucho rato estuvieron sentados en el capot del Opel allí, en silencio, sin hacer nada más que mirar el horizonte y permanecer tomados de la mano, en absoluta comunión.
Marcos llevaba una campera negra, camisa blanca y, pantalón negro,.
Ella lucía pullover cuello alto, una ajustada minifalda marrón, que permitía surgir melodiosamente a sus piernas, igualmente enfundadas en medias ocre.
Cubría su torso, hombros, brazos y espaldas hasta los tobillos, con un tapado marrón tejido, calzando botas altas al tono. –Tómame del brazo –dijo él, apenas bajò del capot. –Ahora sos mi novia. Ella contestó: –¿Y por qué no me tomas vos?
–Porque la dama debe tomarse del brazo de un caballero y este ofrecérselo, como yo –le contestó.
Entonces ella, divertida y tomándolo del brazo, silabeó: –Lady Laura.
–De Aguilar…– corrigió él,
y arrancó el auto, que rugió como nunca antes lo había hecho.
bajó el vidrio saludó con un gesto de cabeza al padre de Laura que hacía ya un tiempo espiaba por la ventana para ver porqué tardaba tanto su hija en entrar a la casa
y se fué, sin acelerar ...respetando a los vecinos que querían seguir durmiendo.

Piu Avanti!!

No te des por vencido, ni aun vencido,
No te sientas esclavo, ni aun esclavo;
Trémulo de pavor, piénsate bravo,
Y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido,
Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
No la cobarde intrepidez del pavo
Que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora,
O como Lucifer, que nunca reza,
O como el robledal, cuya grandeza
Necesita del agua y no la implora ...
¡Que muerda y vocifere vengadora,
Ya rodando en el polvo tu cabeza!
Almafuerte
A mi amiga Verbo, que anda necesitando un "empujoncito"

Pocas Palabras

Los unicos regalos que da el fuego son dolor y miedo.
Aunque, cada tanto, da la oportunidad de sentirnos fuertes.
Lo conozco y se bien que es asì.
Tambien sè que es importante,
no necesariamente ser fuerte, sino " SENTIRSE FUERTE".
Para medirse uno mismo, al menos una vez .
Para encontrarse en las condiciones mas primitivas
y enfrentarse a la ceguera y a la asfixia a solas...
Sin nada que te ayude
salvo las manos y la propia cabeza.
Importante:
Gracias Calma por tu homenaje a los bomberos.

Busqueda

Al fin de todo,
estoy destinado a buscar
lo que me falta
Y únicamente me detiene ....
...Lo que me hace feliz.